Mostrando entradas con la etiqueta sol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sol. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de diciembre de 2015

Diciembre

today's travel inspiration:  

Diciembre ha llegado y se ha ido sin noticias tuyas.
Aunque te hayas marchado de esta ciudad, sigues estancado en mi cabeza y estás en todos mis futuros.
Pienso en olvidarte pero luego me pregunto a mí misma como soy tan siquiera capaz de sopesar la posibilidad de borrarte de mi pensamiento.
Voy por la carretera, camino a ninguna parte. El invierno parece aún más frío y tú más lejos... No hay tráfico alguno y el horizonte cada vez es más oscuro.
No sé cómo lo haces para que te siga teniendo tanta estima, después de irte sin decir ni adiós, esta nostalgia ya no tiene explicación, pero, ¿sabes qué?
Tampoco necesito que la tenga.
Yo ya no sé cómo lo hago para pretender que no estoy dormida aún en aquel mar de recuerdos, en los viajes por carretera, en los atardeceres en aquel muelle que imaginábamos desde el balcón.
Cariño, la distancia no es motivo ni razón.
Y que si hoy volvieras a preguntármelo, me da igual tenerte lejos, a cien mil kilómetros, con tal de que me sigas queriendo. Hoy daría lo que fuera por que me quieras.
Pero el tiempo no pasa en balde para ninguno de los dos y yo ya no tengo fuerzas para mayor espera ni ilusión por tu regreso.
Me vuelvo a prometer una vez más que cesaré en esta obsesión, pero ni con diciembre te has ido y así, este invierno cada vez se hace más helado y eterno.
Feliz Navidad, y no olvides que no te olvido, ni ayer, ni hoy, nunca.
Alice



martes, 21 de julio de 2015

Malena y el tango

La recordaría siempre como la luna, caprichosa y cambiante.
No olvidaría las noches de sonámbulos en Buenos Aires, allí cantaba Malena su tango, frío como el paciente cosmos que se alzaba a lo lejos. Se veía aquel astro a través de la ventana, que se mecía ante el frescor de aquellas noches, sus pálidas cortinas bailaban el baile de arrabal con suma delicadeza y Argentina suspiraba su nostalgia con parsimonia. 
El salón estaba únicamente iluminado por ella, y mientras él observaba los destellos de luna, Malena desgarraba su voz al ritmo del bandoneón, que como cada noche sonaba en el café de la esquina.
El gato la miraba, a ella, a la luna, que con añoranza buscaba los felinos allí en los tejados y en las azoteas. La plata esférica los echaba de menos, y hacía unos días en Buenos Aires no se dejaba ver, cansada de tanto buscarlos se ocultó entre la espesa niebla que flotaba sobre la ciudad. 
La noche a la luna la entendía, como aún añoraba al sol, quizá porque era su antagónico compañero, y casi nunca lo veía. Y a veces todos necesitamos un poco de combustión. Porque a la luna le daba igual quemarse como el fuego lento poco a poco con aquella pasión, en la que a veces, sólo algunas veces, se fundía convirtiéndose ambos luceros en uno, y a todos los mortales nos privaban de cualquier atisbo de luz durante aquellos instantes en que el día se cubre de sombras y misterio.
Luego volvía a mostrarse triste la luna, y se reconfortaba observando a los felinos trasnochar. Tan caprichosa como Malena era la luna, tan nívea, tan distante, tan triste e incierta. Tan efímera era que en aquel instante dejó de cantar, se acercó lentamente a acariciar al gato, y como aquel gato y aquel desconocido sentado en su sillón, miró a la luna fijamente, suspirando de pena por aquel pasado suyo, que aquel extraño nunca llegaría a saber.

Alice